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martes, 21 de marzo de 2017

En tiempos de apostasía Dios guarda un remanente




El principio del remanente.

Cuando Israel hubo hecho el becerro de oro, la justicia de Dios hubiera tenido que destruir al pueblo. Sin embargo, respondió a la intercesión de Moisés y le perdonó. Este "tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento". El pueblo, en su conjunto, no salía; miraba en pos de Moisés, desde la puerta de su tienda, ”hasta que él entraba en el tabernáculo” (Exodo 33:8); pero algunos salían efectivamente fuera del campamento (v. 7), un remanente que se apegaba a su Dios.

En Ezequiel 9 vemos al hombre vestido de lino poner una señal en la frente de los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominacíones que se hacían en Jerusalén. El conjunto iba a ser alcanzado por el juicio, pero un remanente que temía a Jehová iba a ser perdonado.

En Malaquías 3:16 hallamos el mismo principio. Un siglo había transcurrido desde el retorno de la cautividad; entre los que, un día, habían aclamado con júbilo la fundación del templo, no quedaban, en medio de una multitud que se había desviado, sino algunos que "temían a Jehová” y que hablaron cada uno a su compañero; remanente que pensaba en Su nombre y para quienes "fue escrito libro de memoria”.

Es el mismo principio el que volvemos a hallar en 2 Timoteo 2:17 a 22. Varios contendían sin ningún provecho y "para perdición de los oyentes"; se pronunciaban “profanas y vanas palabrerías"; los que se entregaban a ellas iban a caer más y más en la impiedad y sus palabras carcomerían como gangrena. Se notan casos específicos de falsas enseñanzas, como los de Himeneo y Fileto. Algunos los escuchaban y su fe quedó trastornada. Grande era la responsabilidad de los que enseñaban equivocadamente: y grande tambén la de aquellos que los escuchaban. ¿Qué hacer en semeiante situación?

Lo que Dios ha establecido permanece, como lo veremos en seguida, y "conoce el Señor a los que son suyos”. La responsabilidad de los que se apegan a El es entonces doble: "apartarse de iniquidad" ---es decir, de todo lo que el hombre ha establecido y que no es conforme a la Palabra de Dios y "limpiarse" de los utensilios para usos viles. Por analogía con 1 Corintios 3 se podría ver, en los utensilios de oro y de plata, a los rescatados que tienen la vida de Dios y están fundados sobre la redención; en tanto que, en los utensilios de madera y de tierra, (materiales que no soportan el fuego) es dable apreciar a los que no tienen la vida. Se podría también, según el contexto de los versículos anteriores en 2 Timoteo 2, comparar "los utensilios para usos viles" con los que enseñan falsamente y con sus oyentes. Por último, no se trata sólo de la realidad interior de la vida divina (la que, a veces, el Señor solo la discierne) (v. 19), sino también del testimonio dado (compárese v. 22).

Mas no es según Dios que uno permanezca solo: "Sigue -dice el apóstol -la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón limpio invocan al Señor”. Así se forma un remanente según los mismos principios que en el Antiguo Testamento, a fin de apegarse al Señor y no pronunciar Su nombre en vano.

Pero, según Hebreos 13, si es necesario salir " fuera del campamento”, la Palabra subraya que es "a él" que se trata de ir: Cristo como centro de reunión permanece; es hoy, como en los primeros dias de la Iglesia, el mismo Nombre que congrega.


G. Andre



lunes, 19 de diciembre de 2016

La Navidad y la religión del mundo



Es muy común en el mundo cristiano celebrar las Navidades, mandar regalos y usar saludos de “Felices Fiestas” o de “Feliz Navidad,” tomándolo alegremente como normas cristianas muy correctas. Tales tradiciones tan favoritas en este mundo nos hace pensar e investigar su origen.

¿Qué clase de información encontramos en la Enciclopedia o en las historias imparciales? ¿Qué nos dice las Sagradas Escrituras en relación a estas tradiciones religiosas? La Palabra de Dios no justifica su celebración anual; todo lo contrario, lo condena. 

“Guardáis los días, y los meses, y los tiempos, y los años. Temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros” (Gál. 4:10-11). 

Nuestro bendito Salvador Jesús, no vino al mundo para hacerse popular entre los hombres; mucho menos para grabar Su “fecha de nacimiento” en nuestros corazones o almanaque. “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (13 Tim. 1:15). “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles , a su tiempo murió por los impíos” (Rom. 5:6).

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El lugar escogido por Dios para reunirnos



En cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. » (Éxodo 20:24).

«Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía... porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna»
(Salmo 133: 1,3).

En estos pasajes la bendición está unida a un lugar, lugar escogido por Dios (en todo lugar donde yo colocare...) esta bendición se experimenta allí, buena y agradable, por los hermanos que habitan unidos. Este principio divino del lugar se encuentra en toda la Escritura. En Mateo 18:20, la presencia del Señor, es prometida a los que se reúnen a su nombre; en Juan 20:19, ella es efectiva en el lugar donde los discípulos están reunidos: «Vino Jesús, y se puso en medio de ellos». ¡Que gozo para sus discípulos! ¿Qué puede haber más hermoso que el estar allí dónde el Señor se encuentra, de rodearle ya aquí en la tierra, a Él, jefe de la Asamblea (Iglesia), nuestro esposo?

El libro de los Hechos comienza por una escena muy conmovedora: el Señor Jesús está en medio de sus discípulos. Les habla de las «cosas que conciernen al reino de Dios». Les enseña. Les habla de la promesa del Padre concerniente al Espíritu Santo que recibirían dentro de pocos días en Jerusalén; los discípulos le hacían preguntas, la comunión era realizada. Después de revelarles el poder por el cual serían revestidos (Lucas 24:49), les muestra la misión que tendrán en adelante (Hechos 1:8) Están todos allí reunidos alrededor de Jesús y reunidos aún, van a asistir a esta escena única: Cristo elevado de la tierra ante sus propios ojos y recibido por una nube. Un discípulo que hubiera estado ausente habría sufrido una pérdida irreparable. Si descuidamos una reunión donde Jesús está presente, otra pena es la que le damos, perdemos una parte de la bendición que no se repetirá nunca más. Puede ser que los estímulos, consuelos, o la enseñanza respondan justamente a un problema que me atormenta y ha sido dada en esta reunión... y no he estado allí para recibirla. ¡Que pérdida! ¿No habríais deseado ser uno de sus discípulos presentes, para estar con Él, para escucharlo hablar? No está mas en la tierra sino que nos promete entonces su presencia en la reunión de los suyos. Solo la fe puede apoderarse de esta promesa: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron» (Juan 20:29). 


miércoles, 25 de mayo de 2016

El Dispensacionalismo y John Nelson Darby



John Nelson Darby (1800 - 1882) dedicó su vida entera al estudio de la Biblia y a la difusión de la verdad. En su época se dictaban muchas conferencias y la doctrina bíblica era estudiada con esmero. Muchos en aquel tiempo dedicaron gran cantidad de tiempo y energía en estudios profundos de la Palabra de Dios. Sobre la base de la oración y la dependencia del Señor, ellos escudriñaron las Escrituras, y Dios les respondió.

Todo esto sucedió de tal manera, que una serie de verdades bíblicas fueron re-descubiertas. Entre ellas, podemos citar, en particular, las siguientes:
  • Que la Biblia es la Palabra de Dios, la cual predice de manera fidedigna los eventos futuros.
  • Que muchas profecías del Antiguo Testamento se refieren literalmente a Israel y a la región geográfica conocida como Israel (y que no deben aplicarse como figuras espirituales de la Iglesia ).
  • Que las promesas bíblicas para Israel son terrenales, mientras que las bendiciones y el llamamiento de la Iglesia son celestiales.
  • Que el Señor Jesús volverá, y que su retorno a buscar a sus santos puede efectuarse hoy mismo (evento conocido como «arrebatamiento»).
La doctrina de las dispensaciones (diferentes períodos consecutivos, que siempre comienzan con el fracaso del hombre y terminan en juicios). El arrebatamiento pondrá fin a la actual dispensación. En ese momento, el reloj profético comenzará a funcionar nuevamente y se iniciará el período de tribulación que durará siete años. Luego, aparecerá Cristo en todo su poder.

J. N. Darby demostró que es necesario tener en cuenta las distintas dispensaciones a fin de comprender apropiadamente las Escrituras, especialmente las profecías y la verdad acerca de la Iglesia. Sus enseñanzas en este sentido se difundieron ampliamente.

Un movimiento que ha alcanzado una gran influencia, especialmente en América, edificado esencialmente sobre la base de las verdades re-descubiertas por JND, es conocido actualmente con el nombre de «Dispensacionalismo».

Michael Hardt

viernes, 20 de mayo de 2016

La santidad conviene a la casa de Dios



¡Qué gracia tan maravillosa que hombres, con un pasado caracterizado por el pecado, puedan entrar en una relación íntima e indisoluble con Dios por medio de la fe viva en Jesús, sobre la base de su muerte y de su resurrección! Ahora que hemos sido santificados y que somos amados, podemos tener comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Juan 1:3).

Por el hecho de que esta relación con él es una verdad viva, el andar práctico de los redimidos, tanto individual como colectivo, debe corresponder al carácter mismo de Dios. “Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15-16).

Desde siempre, Dios ha tenido el deseo y la voluntad de habitar en medio de los hombres. Para el pueblo de Israel, su morada fue el tabernáculo, luego el templo. Ya entonces, el salmista exclamó: “La santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre” (Salmo 93:5). Dios ha vigilado celosamente que la santidad de su morada terrestre se mantuviese. Cuando el pueblo cayó en idolatría e introdujo en Su casa unas imágenes de sus abominaciones (Ezequiel 8), ya no pudo permanecer allí. El profeta Ezequiel tuvo que ver con dolor la gloria de Dios elevarse por encima del templo y salir de la ciudad (Ezequiel 10 y 11).

Hoy en día, la Iglesia es la morada de Dios en la tierra. Todos los redimidos, como piedras vivas, son edificados como casa espiritual en la cual Dios mismo habita (1 Pedro 2:5). Otros pasajes lo confirman: “Vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16-18). ¡Qué realidad bendita pero solemne! “Por lo cual, —sigue el apóstol— salid de en medio de ellos (los incrédulos), y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.

Las consecuencias del mal en la iglesia

  • Si el enemigo logra introducir el mal en una iglesia local, el nombre de Dios y del Señor Jesús está comprometido y, por ende, es deshonrado (los hermanos y hermanas ante todo deberán lamentar por este estado de cosas (véase 1 Corintios 5:2); éste ha de ser su principal afán hasta que el mal sea juzgado y quitado).

  • El Espíritu Santo con el cual los creyentes fueron sellados está contristado (Efesios 4:30). Ya no puede obrar. Existe una falta de poder y de vida espiritual. La sequía y la esterilidad se abren paso en la iglesia.

  • El mal tiende a extenderse y a oscurecer la luz del testimonio frente al mundo.

¿Bajo qué forma puede aparecer el mal?

Se puede tratar de un mal moral como la fornicación, la avaricia, la idolatría, la maledicencia, la embriaguez, el hurto, etc. (1 Corintios 5:11), de un pecado contra un hermano, o de falsas doctrinas. Si el cristiano no anda en el Espíritu, la carne obra en él, y es capaz de todas las malas obras (Gálatas 5:19-21). ¡Cuánto deberíamos vigilar para no ser tentados!


W. Gschwind 
Creced 2003 - N° 2

sábado, 14 de mayo de 2016

¿DE QUÉ ERES MIEMBRO?

Un cuerpo y sus miembros




En Hech. 2:42, se dice de los primeros discípulos "Ellos perseveraban en la doctrina y comunión de los apóstoles, en el partimiento del pan y las oraciones". Después de la conversión de Saulo de Tarso se hizo una nueva revelación a la iglesia a través de éste una vez campeón de los perseguidores de los santos; es decir, que cada creyente sobre la tierra fue unido a Cristo por el Espíritu Santo (ver Hech. 9:4, 1 Cor. 6.17; 12:12-27); que "como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros y todos los miembros de ese un cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo; así también el Cristo. Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sea judíos o gentiles, sean esclavos o libres; y a todos se les ha hecho beber de un Espíritu," (1 Cor. 12:12,13). Después declara, "hay un cuerpo," y somos exhortados a "guardar la unidad del Espíritu en el vinculo de la paz"; es decir, que debemos mantener prácticamente lo que el Espíritu Santo espiritualmente ha formado.

Hay dos clases de cristianos en el mundo. Uno prácticamente dice, "el hombre ha formado muchos cuerpos, y yo siendo un miembro de uno de estos (de acuerdo a mi opinión, la mejor), deseo servir a Sus intereses en cada forma posible". Otros dicen, "Dios ha formado a un cuerpo y me ha hecho miembro de éste, y ahora deseo por Su gracia servir a los intereses del Cabeza de ese cuerpo, de acuerdo a los principios establecidos en Su Palabra".

Ahora, querido lector, ¿a cuál de estas clases pertenece usted? ¡Ay! ¡Cuántos preciosos santos de Dios están representados por lo primero! ¿No escucha a menudo a cristianos hablar acerca de "unirse" a este o ese cuerpo? Ciertamente los tales olvidan (si alguna vez ha sabido) que el único cuerpo que Dios en Su palabra reconoce es el "un cuerpo" del cual Cristo mismo es el Cabeza, y del cual cada verdadero creyente es un miembro vivo. Si salvado, por tanto (para usar una expresión común), usted ya es un "miembro". "El que ha sido unido al Señor es un espíritu con Él," (1 Cor.6:17). Y en 1 Cor. 12:18, usando la figura del cuerpo humano, el apóstol dice, "DIOS HA ESTABLECIDO los miembros cada uno en el cuerpo COMO LE HA AGRADADO". ¡Qué triste confusión es entonces hablar de unirse a algún otro cuerpo! ¿Por qué no contentarse con el lugar que Dios le ha dado en "el cuerpo de Cristo,", y buscar a través de la gracia cumplir las responsabilidades de tal lugar?

Ahora, ciertamente el Espíritu Santo nunca ha bautizado a una secta o denominación. Observe 1 Cor. 1:12,13, y 3:3, y verá que Él enfrenta en el mismo umbral, por decir así, la entrada del espíritu sectario en Corinto con un muy seco golpe de condenación. "¿no sois carnales, y andáis como hombres? 3:4 Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? "pero usted puede preguntar, "si es errado estar o mantener una posición sectaria, ¿hay alguna forma clara establecida en la palabra de Dios para expresar la verdad del un cuerpo?" Para responder a esto debemos ver lo que la Escritura dice acerca de...

La mesa del Señor


Si nos volvemos a 1 Cor. 10:16, encontrará que justo como los doce panes sobre la mesa de la proposición expresaban lo que era Israel, una nación compuesta de doce tribus (Lv.24:5,6), de la misma forma la cena del Señor es el símbolo que expresa la verdad de lo que es la iglesia sobre la tierra: un cuerpo. "nosotros siendo muchos somos un pan y un cuerpo: porque todos participamos de ese pan," (v.17). De manera que al participar del un pan, el cristiano divinamente enseñado reconoce su unión con todos los verdaderos creyentes sobre la faz de la tierra, cual sea su ignorancia, debilidad, y a pesar de las divisiones que deshonran a Cristo. Pero mientras hace esto él solo puede tener comunión con aquellos que están tratando de andar en obediencia a la palabra, y en separación de manifestado mal. El Espíritu Santo de Dios ciertamente nunca trataría de mantener una unidad exterior a expensas de la santidad interior [1]. Lea 1 Cor. 5:6, 7,8, 13)

G. Cutting
¿ES USTED UN MIEMBRO, Y DE QUÉ?


viernes, 6 de mayo de 2016

El fundamento de comunión con otros cristianos



Es bueno al comienzo de su carrera Cristiana estar plenamente consciente del hecho que es la palabra de Dios, la que debe ser la piedra de toque para cada cosa en nuestro camino, ya sea personal o colectivamente. Observe el Sal.119:104, "De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira"; y nuevamente, el v. 128, "Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, Y aborrecí todo camino de mentira." Note como el Espíritu Santo habla a través del salmista. Este es un camino justo porque es de acuerdo a la palabra, o falso que debe ser odiado. El hombre natural ama afinar las cosas para mantener su conciencia quieta. Dios en creación, "separó la luz de las tinieblas", y él lo hace moralmente todavía. El hombre mezclaría oscuridad y luz, pero guárdese de estos sutiles compromisos, y como David, diga, "Aborrezco a los hombres hipócritas; Mas amo tu ley" (v.113)

No aplique esto solamente a la cuestión de su salvación y estado personal, sino también a eso que ahora deseo brevemente poner ante usted;

Su fundamento de comunión con otros cristianos; o, en otras palabras, su posición eclesiástica.

Una de las primeras cosas, creo, que el corazón renovado anhela es la comunión con el pueblo de Dios. Él no se encuentra más cómodo en el mundo, y naturalmente busca ahora "su propia compañía." Pero en medio de todos los nombres y divisiones de la desordenada cristiandad, un alma recién nacida bien puede preguntar, "¿dónde iré para ser justo en esto?" Mi respuesta es, "a Dios, y a la palabra de su gracia," (Hech.20:32). Dios y su palabra son justos. Que esto esté bien fundamentado en su alma, y "dejaos del hombre, cuyo aliento está en sus narices." Unos pocos años atrás dos cristianos, hasta aquí desconocidos el uno al otro, estaban viajando en un carro de ferrocarril, cuando, después de una breve conversación acerca del Señor y Sus intereses, uno de ellos dijo, "¿puedo preguntarle a qué denominación pertenece?" "bien, esa es una pregunta bien común," respondió el otro, “pero primero dígame ¿qué piensa usted que debe guiar mi camino como un cristiano?”.

Él concordó enseguida que era solo la palabra de Dios la que podría con certeza guiarlo. "entonces, si usted me permite", dijo su compañero, "responderé su pregunta proponiéndolo otra; ¿EN QUÉ DENOMINACIÓN ME PONE LA PALABRA DE DIOS?" Después de una silenciosa deliberación él dijo, "en ninguna". "Entonces no puedo pertenecer a ninguna," respondió el otro; "porque si lo hiciese como usted mismo lo ha mostrado), claramente estaría en una posición donde la palabra de Dios no tiene lugar para mí". "pero" respondió el primero, "¿no nos exhorta la palabra de Dios a `no dejar de congregarnos, y mucho más cuando ese día se acerca`?" (Heb.10:25. "Si, lo hace. Pero un cristiano no necesita pertenecer a una denominación para obedecer esa palabra; porque el Señor ha dicho, "donde hay dos o tres reunidos a Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos" (Mt.18:20)

Ahora, querido lector, si usted observa 2 Juan 6, encontrará que él exhorta a una señora elegida, y a aquellos con ella de esta manera, "Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio."

Ahora, Juan había visto al Señor en Su maravillosa vida; lo había visto morir sobre la cruz; y era un testigo de Su resurrección; y también lo había visto subir al cielo; y estaba presente cuando en el día de Pentecostés el Espíritu Santo descendió desde un Cristo ascendido para bautizar a los creyentes en un cuerpo, y de este modo formar la iglesia. Él había vivido lo suficiente para ver el mal entrar en el círculo de la iglesia profesante; ¿pero cuál es el remedio? ¿Es comenzar con una nueva secta más pura o una constitución mejorada?, escuche su respuesta por medio del Espíritu Santo. Este es el mandamiento: “que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio". De manera que el Espíritu de Dios hace claro que Él no admite innovación sobre los principios de la palabra de Dios a causa del fracaso del hombre, para la guía de su pueblo, cuales puedan ser sus ejercicios, o la fecha de su historia. Aplique ahora este principio hoy, y se encontrará usted mismo en una o dos posiciones, ya sea sobre el terreno divino de reunión de los discípulos al principio, o sobre algún terreno humano en su imaginada sabiduría o celo errado.

GEORGE CUTTING

Tomado en parte de.....¿ES USTED UN MIEMBRO, Y DE QUÉ?

viernes, 5 de febrero de 2016

FUERA DEL CAMPAMENTO DEL JUDAÍSMO Y DE LA CRISTIANDAD

El campamento del judaísmo

Sería bueno que averiguáramos algo más sobre la naturaleza del campamento del judaísmo, fuera del cual pusieron a Cristo. En Hebreos 9:1-10 tenemos una descripción de este, de la cual recogemos las siguientes características:

1) Fue reconocido como un “santuario terrenal”, un santuario de este mundo, con muebles y utensilios espléndidos (v. 1, 2)
2) Hubo una parte interior de este santuario terrenal, llamada “el Lugar Santísimo”, con un velo que lo separaba del resto del santuario. Los sacerdotes entraban en la primera parte del tabernáculo para cumplir el servicio dedicado a Dios, pero en el “Lugar Santísimo” sólo el Sumo sacerdote podía entrar una vez al año con sangre para expiación de sus propios pecados y de los pecados del pueblo (v. 3-7). Dios estaba, podríamos decir, encerrado, a la vez que el hombre quedaba afuera.
3) Bajo este sistema de adoración, pues, no hubo acceso libre a Dios, “...dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo” (v. 8). 
4) Hubo un sacerdocio ordenado, es decir, una orden sacerdotal, un grupo diferenciado del pueblo, que se dedicaba al servicio del santuario y oficiaba entre el pueblo y Dios. El pueblo no tenía intervención directa en el servicio del santuario (v. 6).
5) El santuario terrenal con sus sacerdotes y sacrificios no podía dar a los adoradores una conciencia purificada ni hacerlos perfectos o completos delante de Dios (Hebreos 9:9; 10:1-3).
6) Fue un sistema de adoración ordenado por Dios para la nación de Israel en la carne y abarcó como adoradores a toda la nación en el campamento. No suponía ni exigía que los adoradores nacieran de nuevo: se participaba en virtud de herencia y de circuncisión, es decir, eran una multitud (todo el pueblo) mixta de creyentes y de incrédulos reunidos sobre la base de guardar la ley para justicia (Hebreos 3 a 4).
7) Fue una religión terrenal, establecida en la tierra y propia para el hombre en la carne, sin ningún pensamiento de reproche y ofensa relacionado con ella (Gálatas 5:11; 6:12,13).

El contraste del cristianismo con el judaísmo 

Sobre el fundamento del solo sacrificio perfecto, completo y reparador efectuado por Cristo en la cruz, Dios formó la Asamblea o Iglesia. Esto tuvo lugar el día de Pentecostés, mediante el descenso y bautismo del Espíritu Santo (1.ª Corintios 12:13). Así instituyó el cristianismo en su carácter celestial, el carácter que Él reconoce y en el cual se complace. Estas características celestiales, como las encontramos en las Escrituras, son lo opuesto a las del campamento del judaísmo. Vamos a considerar a continuación los puntos de contraste del cristianismo. El lector puede comparar cada uno de estos siete puntos con los correspondientes incluidos en la sección anterior:

1) El santuario del cristiano está en el cielo, no en la tierra. Cristo se ha ido al cielo. Aparece en la presencia de Dios por nosotros como ministro del santuario celestial y del tabernáculo verdadero (Hebreos 8:2; 9:24). 
2) El velo de entrada al Lugar Santísimo está rasgado y tenemos confianza para entrar por la sangre de Jesús, por el camino nuevo y vivo que Él abrió a través de ese velo (Hebreos 10:19-20). Dios, en la persona de Cristo, ha salido del lugar santísimo hacia el hombre, y Cristo ha entrado en la presencia de Dios para bien de los creyentes. Más aún, abrió un camino para que podamos entrar en el Lugar Santísimo también. Dentro del velo del santuario celestial está el lugar que pertenece a todo cristiano.
3) De esta forma hay completo acceso a Dios. “Por medio de Él (Cristo), los unos y los otros (creyentes judíos y gentiles) tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18).
4) Todo creyente en Cristo es sacerdote santo y real, con privilegios para ofrecer sacrificios espirituales a Dios. No hay ninguna clase especial de sacerdotes, distinta del pueblo, en el cristianismo novotestamentario (1.ª Pedro 2:5, 9)
5) Por la sola ofrenda, perfecta y completa, de Cristo, los creyentes tienen ahora conciencias purificadas, son santificados y hechos perfectos para siempre delante de Dios. Se les asegura que Dios no se acordará más de sus pecados y transgresiones (Hebreos 9:14; 10:14-17).
6) La Iglesia o Asamblea de Cristo se compone de un pueblo que tiene una relación vital con Dios mediante el nuevo nacimiento. No incluye a nadie que sólo tenga una relación exterior con Dios mediante un nacimiento natural, como en el caso de Israel. Sólo los que han “nacido de nuevo” pertenecen a la Asamblea de Dios en la tierra, y son los únicos que pueden “adorarle en Espíritu y en verdad” (Juan 3:3; 4:24). No hay mezcla de salvos e incrédulos en la adoración de la verdadera Iglesia.
7) El cristianismo es de carácter celestial: “Nuestra ciudadanía está en los cielos” (Filipenses 3:20). Por tanto, no está adaptado al hombre en la carne, sino que, al contrario, constituye una ofensa, una locura, para el hombre natural. Así es que la cruz y el rechazo de Cristo tienen una relación con la verdadera adoración cristiana, porque los creyentes pertenecen a un Cristo rechazado. “Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo” (Gálatas 6:12).

Tales son algunos de los aspectos principales del cristianismo del Nuevo Testamento en contraste con el campamento del judaísmo. El cristianismo verdadero, por lo tanto, no es un campamento religioso en la tierra, sino una reunión de creyentes, unidos a Cristo, su Cabeza glorificada en el cielo. Los creyentes verdaderos deben, pues, salir hacia Él fuera del campamento de la religión terrenal.

El campamento de la cristiandad

Hemos señalado las características y la posición del cristianismo verdadero. Éstas fueron manifestadas en la Iglesia en los tiempos de los apóstoles, tal como puede verse claramente a través del estudio del Nuevo Testamento. Pero un vistazo a la historia de la Iglesia profesante, desde entonces hasta ahora, revela un hecho triste. Perdió rápidamente su carácter celestial y los aspectos que la distinguían en su correcta posición cristiana.
Lo que llevaba el nombre de cristianismo e Iglesia (lo que podemos llamar cristiandad), pronto echó raíces en la tierra y llegó a ser una mezcla de judaísmo y cristianismo. La Iglesia pronto adoptó los principios del judaísmo —una religión según los deseos del hombre no regenerado en la carne— mezclados con un poco de verdades del cristianismo. La cristiandad, pues, pronto vino a ser un campamento religioso en la tierra, parecido al campamento idólatra de Israel en los días de Moisés y al apóstata campamento del judaísmo.

Recuérdense las características principales del judaísmo y nótese cómo coinciden más o menos con las cualidades vistas en los sistemas religiosos de la cristiandad. Algunas de estas particularidades son las siguientes:

1) Tienen un santuario majestuoso, con muebles y vasos, todo esto agradable a los ojos humanos.
2) Hay un templo terrenal, un lugar sagrado interior, separado con barandilla, adonde va sólo el clero (el sacerdote o el ministro oficiante).
3) No hay acceso directo y libre a Dios. Dios está lejos, y se dirige a él como “el Dios Altísimo”, “el Dios Todopoderoso”, etc., pero raras veces como “Abba Padre”, que es el clamor de adopción del verdadero hijo de Dios (Gálatas 4:6). Así es cómo se manifiesta la posición de lejanía que es característica del sistema judío.
4) Hay una casta sacerdotal exclusiva —el clero—, importada del Antiguo Testamento y creada por ordenación. Estos ministros sirven, generalmente, bajo la autoridad de jerarcas de alto rango y se mantienen entre Dios y el pueblo, formando una división entre los así llamados «laicos» y «clérigos». Esta organización humana ha desplazado la libertad y soberanía del Espíritu Santo.
5) Otra característica de los sistemas religiosos de hoy es que, en general, no saben qué es una conciencia limpia, ni tienen conocimiento del perdón de pecados o de la perfecta aceptación del pecador delante de Dios. Se pide perdón a Dios, a veces mediante el sacerdote, para poder seguir alcanzando la salvación. La mayoría de los que pertenecen a la cristiandad no está seguro de ser salvo en Cristo, y acusan de presunción al hecho de decir que uno es salvo por la sangre de Cristo y está seguro de ir al cielo.
6) Creyentes y no creyentes de corazón, convertidos y no regenerados, se reúnen para “adorar” a Dios sobre el terreno de las obras y del cumplimiento de la ley para lograr la salvación.
7) Estos sistemas reconocen al hombre en la carne, gustan al hombre en la carne y están constituidos en tal forma que abarcan a los hombres en la carne. De ahí que tales sistemas no incomoden al hombre natural ni le hagan sentir el oprobio de Cristo o la necesidad de llevar Su cruz.
Tales son las características de la cristiandad, la que es en realidad un campamento religioso tan apóstata como lo fue el judaísmo, y tal vez más. Por consiguiente, los creyentes de esta dispensación de la gracia son llamados a salir de los sistemas religiosos de la cristiandad, o sea el campamento, e ir a Cristo, el verdadero Centro de reunión.

En cuanto a lo que constituye el campamento, S. Ridout bien ha dicho:
«Es todo aquello en donde Cristo está sólo nominalmente, pero no en realidad, entronizado como el Supremo. No importa cuán antigua sea la autoridad… dondequiera que haya una organización humana que excluye a Cristo, que no esté de acuerdo con la Palabra de Dios tal como la tenemos en el Nuevo Testamento, allí tiene Ud. el mismo campamento de que venimos hablando. Sobre todo, el campamento está en cualquier parte donde Cristo no tenga directa e inmediatamente el control absoluto mediante su Palabra y su Espíritu.»

El campamento, fuera del cual Dios exhorta a los creyentes de hoy a salir, es la cristiandad en la que los hombres han establecido principios judíos bajo un disfraz de gracia. Hay que salir de todo sistema en el cual la autoridad del hombre se establece y engendra el repudio práctico de la autoridad de Cristo. (Esto sucede dondequiera que se reconozca un clero que establece distinción con los laicos en su conjunto). El campamento es un sistema de religión terrestre o carnal establecido por el hombre. Es un lugar donde Dios es deshonrado y su Palabra dejada de lado, y donde al hombre se le confiere un lugar dentro del cual puede hacer todo lo que le place.

Confiamos en que estas observaciones ayudarán a los lectores a entender mejor: primero, lo que es el campamento en nuestros tiempos, y luego, lo que quieren decir las palabras de hebreos 13:13: “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio.” Dios quiera que cada uno que entienda esto sea fortalecido por el Espíritu Santo para actuar conforme a este precepto divino. Sólo en separación de todo lo que desplaza y deshonra a Cristo podemos gozarnos de su dulce presencia y adorarle en espíritu y en verdad. Estar fuera del campamento con Cristo en su rechazo aquí abajo, se corresponde con nuestra porción junto a Él en lo alto. Para entrar de verdad dentro del velo como adoradores, tenemos que salir con Cristo del campamento aquí en la tierra. Éste es un gran principio y muy necesario para guiar al creyente en el día de la ruina y del desorden de la Iglesia.


Salgamos a Él

Deseamos poner de relieve que el acto de salir a Cristo es el lado positivo de esta separación del campamento. Este aspecto debe ser el verdadero motivo y el fin de nuestra separación del campamento. Sólo esto le sostendrá a uno en la senda negativa de separación con sus pruebas y angustias. Cristo, en todas sus bellezas, glorias y suficiencia debe ser la meta del corazón. Debe ser el deseo del alma y el fin personal en razón del cual se hace necesaria nuestra separación de los sistemas que no le dan el lugar que sólo a Él le corresponde. Por eso el escritor de Hebreos presenta, a través de toda la epístola, las glorias y la suficiencia cabal de Cristo y su obra. Entonces, en su último capítulo, el escritor exhorta a los lectores a separarse del campamento del judaísmo.

El alma debe anhelar a Cristo y desear andar con él y estar bajo su dirección y bajo el control del Espíritu Santo. De otra manera, la separación resultará insuficiente para seguir a Cristo fuera del campamento. Uno que no hace más que separarse de un sistema religioso por causa de los males que hay en él, bien puede formar otro sistema, o tomar parte en un sistema que tuviera más verdad y santidad; no obstante, éste seguirá siendo un sistema en el cual Cristo no es el centro de reunión. Tampoco será un lugar en el cual se da a Cristo la autoridad suprema mediante la sumisión a la acción no limitada del Espíritu Santo. Por eso el creyente que está en busca de algo mejor todavía pertenece al campamento de la cristiandad, aunque tal vez se encuentre en las afueras de él. Como Moisés, debemos levantar nuestra tienda “lejos del campamento” (Éxodo 33:7; V.M.) y reunirnos completamente en torno a Cristo. Ojalá el lector y el autor de estas líneas lleguen a saber más acerca de este bendito lugar con Cristo fuera del campamento.

R. K. Campbell

Traducido del inglés por Flavio H. Arrué.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

¿Como comenzaron las reuniones de los "hermanos"?



En el invierno de 1827 cuatro cristianos, que por algún tiempo habían sentido que ninguna de las denominaciones de la cristiandad adoraba de acuerdo al orden escritural, acordaron después de mucha oración, reunirse el día del Señor en vista a partir el pan de acuerdo al propio deseo del Señor. “El Señor Jesús la misma noche que fue entregado tomó pan y cuando hubo dado gracias, lo partió y dijo, tomad, comed, este es mi cuerpo, que es roto por vosotros; haced esto en memoria de mí”.



Los nombres de los cuatro hombres eran Darby, Cronin, Bellett y Hutchinson. Ellos tuvieron su primera reunión en la casa del último nombrado en Fitzwilliam Square, Dublín. Otros pronto se agregaron a ellos, y al final de 1829 o a comienzos de 1830, ellos arrendaron un salón de subasta en Aungier Street. Lord Congleton (entonces, J. Parnell) estaba en ese tiempo entre ellos.  Ellos estaban profundamente conscientes de la aprobación del Señor, y fueron ricamente bendecidos. Ellos no sólo celebraron la Cena del Señor, sino que se reunieron para leer las Escrituras, confiando plenamente en la presencia del Espíritu Santo para guiarlos y enseñarles.



En estas reuniones ellos simplemente se reunieron como hermanos, sin pastor, anciano oficial, o director humano, sino de acuerdo a la palabra del Señor, “uno es vuestro Maestro (Instructor) y todos vosotros sois hermanos”. Al comienzo parece que no todos estaban claros en cuanto a la importancia de este principio, pero la experiencia les enseñó que mientras más confiaban en el Espíritu Santo más grande era su libertad y bendición. Esta pequeña compañía abandonó toda forma de organización humana. Al pensamiento humano esto parecía inoperante, y realmente esto es sólo posible donde la autoridad del Señor y el poder del Espíritu son reconocidos y hay sometimiento a ellos. Los dones del Espíritu Santo, sin embargo, ellos los reconocían plenamente, y dejaron lugar para maestros y evangelistas cuyos dones eran evidentes, no por ordenación, sino por el don del Espíritu. Como esto obraba al principio en la iglesia se ve por 1ª Co.14. Una asombrosa suma y variedad de dones se manifestaron entre ellos a medida que su número crecía. Por medio de lecturas, una rica siega de sana enseñanza, fue sacada del estudio de la palabra de Dios, y se extendió a través de toda la cristiandad. Miles de cristianos que nunca se unieron a los “Hermanos” [1] como ellos son llamados, se beneficiaron de su enseñanza.



Otra característica importante con ellos fue su obediencia a las Santas  Escrituras. Como uno de ellos ha escrito. «Todas las declaraciones de verdad deben ser inferiores a las Escrituras, aun cuando son sacadas de ella».



Las reuniones se multiplicaron; éstas se levantaron en toda Bretaña, y en los Estados Unidos, las Indias occidentales. En el continente de Europa, también en Francia, Alemania, Holanda, Escandinavia, Italia, España y Rusia. Había reuniones aun entre los Coptos en Egipto. Cuando los “Hermanos” de Inglaterra comenzaron a visitar otras tierras encontraron que Dios había ido delante, y preparado el camino para Su pueblo, y puso similares ejercicios en sus corazones, de manera que en muchos lugares reuniones ya estaban formadas y que partían el pan en la misma forma simple, y tales reuniones rápidamente recibieron la  verdad que les era ministrada.